1000 vidas: lo onírico y lo humano en Baragli
- Escrito por Victor Pais
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El espacio de arte El Local, dirigido por Alejo Arcuschin y ubicado en Juan B. Justo 4328, abre sus puertas a la comunidad los miércoles y sábados de 17 a 20 para presentar 1000 vidas, una muestra del artista plástico Carlos Baragli, que incluye obras realizadas todas durante 2025 y que contó con la curaduría de Carlos Bissolino.
Numerosas pinturas en formato entre pequeño y mediano, la mayoría óleos sobre papel, se agrupan en una de las mitades de la sala, mientras que en la otra mitad se expone una generosa cantidad de dibujos, de un tamaño bastante menor al de las pinturas, en los que están combinados el óleo, la carbonilla y, en algunos casos, algo de témpera.
Imágenes muy sugestivas con una amplia gama de colores y de emociones, el ser humano enfrentado a lo atávico y a su propia condición de animal, algunos destellos de sensualidad y el horror suscitado por la violencia de criaturas monstruosas son algunas de las impresiones que nos provoca 1000 vidas. “No es que [en las pinturas] haya una temática específica, sino algo que tiene que ver con la estructura del cuadro, con los colores, con las figuras, porque si bien no son realistas o fotográficas, sí son figuras, se reconocen, y lo mismo pasa con los dibujos; uno puede ver algunos dibujos bastante realistas, casi académicos, mezclados con otros donde las figuras son apenas manchas”, nos explica Baragli, quien suele estar presente en la muestra y cuya bonhomía y disposición a conversar con el público generan un clima cercano y propicio para el intercambio e invitan a una lectura más profunda de su obra.

Es así que ante una observación nuestra sobre cómo se vinculan las figuras humanas con el paisaje en el que están inmersas, Baragli nos dice que sus pinturas no exhiben “un entorno demasiado reconocible, sino más bien una atmósfera, un clima”, donde las figuras parecen habitar lugares indefinidos y que esa ambigüedad de las imágenes está emparentada con una sensación “onírica, pesadillesca”, situada en un territorio intermedio “entre el dormir y el despertar, en la vigilia”. En ese sentido, el artista reconoce afinidades que algunos espectadores vinculan con Goya o Baselitz, aunque él mismo destaca la influencia decisiva del pintor que más le gusta, el alemán Max Beckmann, particularmente en esa cualidad inquietante de no poder discernir si algo es real o imaginado, y de que todo sucede en espacios indescifrables.
Formado en la Escuela Nacional de Bellas Artes Pueyrredón y discípulo de Anselmo Piccoli, Baragli sostiene además una fuerte raíz en el dibujo, disciplina que atraviesa toda su producción. “La línea para un dibujante o la pincelada para un pintor es su rasgo distintivo”, afirma, entendiendo ese gesto como el hilo invisible que unifica tanto lo figurativo como lo abstracto en su obra.
En el texto que escribió para el folleto de presentación de la muestra, cuya fecha de finalización será el sábado 23 de mayo, Arcuschin define a Baragli como “un pintor de las desgracias populares y de palacio” y como un artista que logra moverse “entre el amor, la muerte y el poder, entre lo definido y lo indeterminado, como una forma de vida”.





