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 20 de abril de  2026
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La Vanguardia: voz del socialismo

La Vanguardia: voz del socialismo

Hoy cumple 125 años La Vanguardia, el periódico del Partido Socialista. En sus primeras décadas, la publicación se caracterizó por reflejar y promover debates determinantes en el desarrollo político de la clase trabajadora que aún continúan vigentes.

El sábado 7 de abril de 1894 aparecía el primer número de La Vanguardia. Periódico Socialista Científico. Defensor de la clase trabajadora. En un principio órgano de la Agrupación Socialista de Buenos Aires, luego bautizada Centro Socialista Obrero [CSO]. Pero con el Congreso Constituyente del Partido Socialista, en 1896, el CSO la cedió a este y desde entonces se transformó en órgano oficial del Partido Socialista”, informa Horacio Tarcus.

Pocos años atrás, en 1890, se había realizado por primera vez un acto por el 1º de Mayo; allí se resolvió organizar una federación que agrupase a los gremios que se habían constituido en los años 80, publicar un periódico de los trabajadores y presentar ante el Congreso un pliego de reivindicaciones para el desarrollo de una legislación protectora del trabajo. El periódico resultó ser El Obrero, al que se sumaría El Socialista, en cuyas páginas tenía eco la tensión entre los “marxistas objetivistas”, que hacían hincapié en el análisis científico del modo de producción capitalista, y los “subjetivistas”, que valorizaban los factores subjetivos, las formas de acción y el despliegue de las luchas políticas. Cuando se dejó de publicar El Socialista, se sintió la necesidad de un nuevo periódico y en estas circunstancias es que surge La Vanguardia.

Enrique Dickmann nos señala los orígenes del nombre del periódico que se convertirá en la voz del socialismo: “Me contaba el doctor Justo que él había pasado su más tierna infancia en la frontera de los indios, entre Tapalqué y Las Flores, en un fortín llamado La Vanguardia, que era una avanzada de la civilización opuesta a la barbarie; y como la empresa periodística que se iba a comenzar empezaba también en la frontera política de los indios, llamó a nuestro diario La Vanguardia, como símbolo de un nuevo fortín de civilización”.

Juan B. Justo, médico de profesión, desempeñó un rol fundamental en la aparición y desarrollo del periódico socialista, no solo como uno de sus principales redactores y orientadores políticos e ideológicos, sino también aportando, con sus ingresos, los dineros necesarios para su publicación. “Pero creció ahora con dos contribuciones extraordinarias, una de Justo, que provino de la venta de su automóvil, y otra de Kühn, que aportó sus ahorros: 300 pesos. Y coincidió el momento con el remate de la maquinaria de imprenta por parte de un diario extranjero que renovaba su taller. Se compraron veinte cajas de tipos para componer el nuevo periódico”, reseña Horacio Tarcus.

Ante la encrucijada provocada por la deserción de un militante aportista pasado al anarquismo, Dickmann recuerda: “Era necesario sacar el periódico; y como el impresor se negaba a ello, el doctor Justo, que acababa de recibir la medalla de oro en la facultad de medicina como premio por una obra científica, no titubeó un solo instante en entregarla para su empeño en un monte pío y con esos fondos pudo sacarse La Vanguardia”. 

El periódico aparece en un momento que en la historia de las ideas socialistas podemos pensar como la época del marxismo de la Segunda Internacional. Se han formado en Europa los partidos socialistas y socialdemócratas, las ideas de Marx se insertan en el más amplio universo del socialismo y de esta manera coexistían en estos partidos la tendencia revolucionaria de Marx con las tendencias reformistas y revisionistas de Bernstein, Vandervelde, Lasalle y otros. Es la época en que Federico Engels se convierte en el “mediador entre Marx y el movimiento socialista internacional, el que edita con lealtad de amigo los manuscritos de Marx, el que completa la doctrina en terrenos como la filosofía, la moral y la antropología, y el que aconseja en cuestiones de táctica política. (…) [Hay] referencias a Marx y Engels en La Vanguardia”, señala Tarcus, al referirse a las notas publicadas en los primeros dos años de vida del periódico. Son años muy importantes en cuanto a los debates que conmueven al socialismo internacional y debemos tener en cuenta estas polémicas no solo porque nos remiten al universo ideológico en que nació La Vanguardia, sino también porque esos debates son de absoluta actualidad en nuestro siglo XXI.

Engels preparó para su publicación los tomos II y III de El Capital y la aparición del tercer tomo generó una controversia respecto de la teoría del valor. No faltaron los que señalaron que Marx abjuraba de su teoría o que la socavaba con sus planteos. Es el arduo y polémico tema de la transformación de los valores en precios, problema que hace al centro de la teoría del valor que Marx no llegó a resolver en forma satisfactoria; problema no resuelto al día de hoy y que es el eje de la polémica entre marxistas y neorricardianos. Estos últimos sostienen que la teoría del valor es una filosofía incrustada en la teoría económica; sería una cuestión metafísica y no de la ciencia económica. En La Vanguardia se defendía la teoría de Marx frente a quienes sostenían la “quiebra de la teoría del valor” o la “bancarrota del marxismo”.

Asimismo, a Engels le cupo analizar el problema de la estrategia y táctica política del movimiento socialista desarrollada en la Europa posterior a la derrota de la Comuna de París en 1871. Se había cerrado el ciclo de las revoluciones europeas abierto con la Revolución Francesa de 1789. Los cambios registrados en la tecnología de los armamentos, en los nuevos diseños urbanos y sobre todo en un capitalismo estabilizado y que se insertaba ahora en un “desarrollo pacífico” repercutían en las formas de lucha de la clase obrera. Parecía haberse cerrado e invalidado la lucha de barricadas. Por el contrario, las luchas electorales y parlamentarias se presentaban como la nueva forma dominante de la lucha de clases. Engels dirá que la república democrático-burguesa es la forma política en que se desplegará la lucha entre el proletariado y la burguesía. Cierto es que Engels señaló que se habían limitado sus conceptos. Pero los partidos socialdemócratas, ante todo la socialdemocracia alemana (el principal partido socialista de Europa), se orientaron hacia una lucha centrada en el sufragio universal y el parlamento. Esto repercutió en el Partido Socialista argentino, que llegó a priorizar las contiendas electorales frente a las huelgas y otras formas de lucha obrera. Más aún, el objetivismo al que hacíamos referencia más arriba, condujo a los socialistas a considerar que la nueva forma de sociedad debía triunfar primero en Europa y solo cuando el socialismo europeo desplegase su dominio y acción, ello repercutiría en los países periféricos, que serían arrastrados al universo del socialismo triunfante en Europa.

El socialismo es el movimiento y la realidad que deviene en el mundo a partir del capitalismo y el desarrollo de este se encuentra en Europa. Se decía en La Vanguardia: “Una vez que el socialismo haya revolucionado la constitución de la Propiedad en los países más adelantados, él se impondrá irresistiblemente en las demás naciones del mundo donde la socialización de los medios de producción se hará enseguida, sin mayores luchas, siempre que se hallen allí grupos de socialistas instruidos suficientemente para dirigir los trabajos de reforma. Así sucederá también en esta República”.

Un tercer tema de actualidad, que se debatió en aquellos años, fue el de la relación entre el marxismo y la ciencia en general. Eran los años del positivismo, que sostiene atenerse a los resultados de la ciencia, y muchos socialistas, asociando la teoría de Marx al cientificismo, asimilaron el positivismo a sus ideas, sin advertir las diferencias entre Comte y Marx. Más allá de Newton, Lavoisier, Darwin y otros padres de la ciencia moderna, no se advertían las diferencias epistemológicas entre la dialéctica materialista y el empirismo positivista. Muchos socialistas argentinos, adhiriendo al cientificismo y al positivismo, se extraviaron en lo que hace a la teoría del conocimiento y la filosofía.

 

 

Fuente consultada

Tarcus, H. Marx en la Argentina. Sus primeros lectores obreros, intelectuales y científicos, Buenos Aires, Siglo XXI, 2013.

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