Récord de casamientos
- Por Haydée Breslav
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Hasta fin de año habrá en la Ciudad un promedio de 1.300 casamientos por mes. Así lo anunció el Gobierno porteño, que especificó que durante septiembre último se registraron más matrimonios que en igual mes de 2019, antes de la pandemia del coronavirus, y estimó para noviembre una cifra de 1.500.
“Los casamientos en el Registro Civil porteño son furor”, expresa la información oficial, que vincula el incremento de matrimonios con “el retorno progresivo a la normalidad, marcado por la mejora de la situación epidemiológica en la Ciudad”.
Este hecho coincide con el comienzo de lo que esa información denomina la temporada alta, “que va de septiembre a diciembre y se retoma en febrero hasta Semana Santa”, y gracias a la cual se calcula que el promedio de casamientos que habrá hasta fin de año será de 1.300. Con esta cifra se superará el total de los 1.072 matrimonios que se contrajeron en septiembre de 2019, cuando aún no había pandemia de coronavirus; por otro lado, en igual mes de 2020, con mayores restricciones, se celebraron 85, cifra que se había reducido a solo 45 en el mes anterior.
En io que hace a este año, en mayo y junio se contrajeron, respectivamente, 751 y 705 matrimonios, mientras que en julio la cifra ascendió a 1.145, en septiembre ya superó el promedio y para noviembre se estima que se celebrarán unos 1.500 casamientos.
La vieja historia
Cuando la información oficial asocia alegremente el entusiasmo casamentero con el alivio en la situación epidemiológica, lo que hace es contar una versión, burocrática y actualizada, de la eterna historia circular del placer y del dolor; tanta cifra, tanta estadística y tanto cálculo para ilustrar con trazos nuevos el romance viejo del amor más poderoso que la muerte.
Mejor lo dijo Gardel: “El cierzo helado mató las flores / que florecieron en mi rosal / (…) / El alma mía, flor delicada, / no ha sucumbido ante el dolor / porque se sabe de ti adorada, / porque la cuida siempre tu amor” (Añoranzas, vals de José María Aguilar).
Y, con admirable síntesis: “La vida me llama, pues voy a casarme” (Muchachos, me caso, tango con música y letra de Luis Martíni y Luis Roldán, respectivamente). Por su parte, Oscar García destacaba un verso del tango Noviecita mía, de Antonio Polito: “Si así me quieres, jamás he de morir”.
Por otra parte, la información oficial hace constar que la denominada temporada alta de casamientos transcurre entre el equinoccio de primavera y el de otoño, época en que ya los pueblos anteriores a los antiguos cumplían rituales celebratorios del renacer de la naturaleza y propiciadores de fecundidad. “En el monte, la paloma / vierte su endecha de amores / primavera de colores / sobre la tierra se estampa / asemejando en la pampa / soberbia alfombra de flores”, cantaba Gardel (Primavera de colores, estilo de Gardel y Razzano).
Varios otros tangos (no tantos) hacen referencia al casamiento. Pero tal vez no convenga profundizar demasiado: así, en Padrino pelao, con música de Enrique Delfino, la letra de Julio Cantuarias describe personajes y situaciones que ya no son, mientras que en otro tango, cuya música también le pertenece a Delfino, la mujer, que es relatora y protagonista, le enrostra al marido: “El día del casorio dijo el tipo'e la sotana: / ‘El hombre debe siempre mantener a su fulana’ / y vos interpretás las cosas al revés, / que yo te mantenga es lo que querés”. El tango se titula Haragán, y la letra es de Manuel Romero.
En Cómo nos cambia la vida, con música de Roberto Rufino y letra de Elisardo Martínez Vilas, el marido reprocha a la mujer que se haya maquillado y teñido el pelo, pero la cosmética parece tener otras implicancias. Así, el tango empieza y termina con sendas órdenes: “Quitate el rouge de los labios”, le dice él al principio, para mandarle al final: “Tomá ese espejo, mirá: / vos sos aquella que un día / llevé confiado al altar”.
Y, si se nos permite dejar de ser (solo por un momento) políticamente correctos, querríamos usar como cierre el de la Milonga en negro, un tema tradicional recopilado por Edmundo Rivero que relata una fiesta de casamiento de dos afrodescendientes y así remata: “Y a eso de la medianoche / cosas de negros hicieron / la negra durmió en la cama / y el negro durmió en el suelo”.






