“En el Clínicas se ocultan casos de COVID-19”
- Escrito por Victor Pais
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Daniel Iribarren, camillero del Hospital de Clínicas José de San Martín, establecimiento dependiente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) donde se desempeña desde hace treinta y cinco años, revela que al menos tres médicos y dos enfermeras del nosocomio se han contagiado de coronavirus y denuncia, además de falencias como la falta de personal y de insumos y las insuficiencias en la provisión de elementos de protección y de realización de testeos a los trabajadores, el ocultamiento a estos, por parte de la dirección del hospital, de información atinente a la pandemia.
–¿Se han detectado casos de coronavirus en el hospital?
–Desde el comienzo de la pandemia se han producido por lo menos cinco casos de COVID-19; el más conflictivo ocurrió en la Guardia de sábados, domingos y feriados; se trató de una enfermera y tuvimos problemas con la dirección del hospital y con las distintas estructuras para conseguir el aislamiento de los trabajadores, que algunos lo lograron y otros no. Después hay tres médicos infectados, dos de los cuales pertenecen a la Unidad de Terapia Intensiva, y por lo menos otro caso más, el de una enfermera también de esa Unidad. Después hay varios casos de aislamiento de trabajadores de la Unidad de Terapia Intensiva de Pediatría; de la Guardia, precisamente por el caso de la enfermera que comenté al principio, y de otras salas, por posibles contagios que se han producido no sabemos si adentro o afuera del hospital porque muchos de los que trabajamos allí tenemos dos ocupaciones.
–¿Cuál es la actitud de las autoridades del hospital al respecto?
–Tanto por parte de la Dirección como de las estructuras se mantiene un ocultamiento generalizado de toda esta problemática. El hospital es muy grande, trabajan alrededor de cuatro mil personas en cinco turnos, y no hay una información generalizada de lo que está ocurriendo: a los trabajadores nos tienen prácticamente en compartimentos estancos, en los que nos tenemos que enterar de los problemas de contagio y de los infectados absolutamente por el boca a boca entre los mismos trabajadores. Y cuando a pesar del ocultamiento el personal está enterado de lo que ocurre, la dirección del hospital y las estructuras se encargan de minimizar los problemas tratando de ejecutar la menor cantidad posible de aislamientos para garantizar que los trabajadores desempeñemos nuestras tareas de cualquier manera y a cualquier costo; esto es lo que ocurrió en la Guardia y el proceso conflictivo que te mencioné al principio.
–A pesar de eso, ¿puede decirse que el hospital está preparado para afrontar la pandemia?
–Acá lo que se puede observar claramente es que, a medida que va avanzando el proceso de COVID-19, en el hospital se va notando la crisis estructural que tiene el establecimiento, donde hay un protocolo que está determinado por Infectología que no se cumple, y por otro lado las carencias de personal, de insumos, de material de trabajo, de elementos de protección personal, que son absolutamente escasos; y tengamos en cuenta que recién estamos en el inicio de esta pandemia en el país.
–¿Podrías dar más detalles?
–El protocolo que elabora Infectología choca con las necesidades que tiene el hospital de personal, de insumos y demás, y esto hace que las estructuras de enfermería, de intendencia, del personal de limpieza, etcétera, tengan dificultades para conseguir que se respete el protocolo que ellos mismos suscribieron. Esta situación tiene que ver con la falta de elementos EPP (elementos de protección personal); los barbijos se dan a cuentagotas, la calidad de los elementos EPP es absolutamente discriminatoria, a sectores de médicos les dan barbijos especiales y a las enfermeras y camilleros nos dan descartables que no tienen la misma calidad. Tampoco se cumple con la cuestión de los testeos y de los hisopados necesarios para todo el personal; esto hace que puedan existir contagios en trabajadores, aún no estando manifestado el virus.

–¿No se le hacen testeos al personal?
–Fueron absolutamente inexistentes hasta la semana pasada, cuando recién empezó una serie de testeos e hisopados a algunos sectores de médicos; esto también forma parte de la política discriminatoria de la dirección, porque no se les hicieron hisopados ni testeos aun a aquellos trabajadores que estaban en aislamiento. Es posible, sin embargo, que a partir de la semana que viene, de acuerdo con los anuncios del rector Alberto Barbieri, de la Universidad de Buenos Aires, se empiecen a producir estos testeos; pero tengamos en cuenta que ya va más de un mes del primer internado con COVID-19 en el hospital.
–¿Se incrementó la afluencia de pacientes que presentan síntomas que los hacen posibles portadores?
–La cifra de posibles COVID-19 se va acrecentando todos los días: en la Guardia aparecen en cada momento pacientes con esta patología, y si bien el hospital ha incorporado un triage, que significa la caracterización y calificación de los pacientes y su posterior derivación a los distintos sectores, en la guardia general del hospital, que está prácticamente dirigida a este virus, se está incrementando la afluencia de pacientes con síntomas de posible COVID, que inmediatamente son internados en el piso 11, donde hasta el momento hay dos salas dispuestas para este tipo de patologías, la sala 1 y la sala 3, y ahora se habilitaría la sala 6. A medida que a estos pacientes los resultados de los análisis les van dando negativo, los van trasladando a otros sectores, pero las cifras exactas no las conoce ningún trabajador del hospital porque la información que da la dirección es absolutamente nula en este sentido ya que, como mencioné al principio, su política es manejarse en un absoluto encubrimiento de la situación de los COVID positivos en el establecimiento.
–Desde el punto de vista edilicio, ¿está el hospital en condiciones de enfrentar este estado de cosas?
–En el ámbito estructural del hospital, amplios sectores están en un estado de abandono progresivo, entre los que se destaca el de Radiología, que ha sido progresivamente vaciado. Puede decirse que desde el punto de vista edilicio general, el hospital está en una situación calamitosa, como en el caso de los ascensores, en el de las instalaciones y en el de los desagües, que hace que cada vez que llueve el hospital se inunde en todos los pisos porque tiene todas las vías de desagüe tapadas.
–Por último, ¿cuáles son las organizaciones sindicales que representan a los trabajadores y cómo evaluás su desempeño en esta emergencia?
–Al pertenecer el hospital a la Universidad de Buenos Aires, los trabajadores están organizados en su absoluta mayoría en el gremio APUBA (Asociación del Personal de la Universidad de Buenos Aires), que es una estructura sindical bastante heterogénea en el sentido de que se adapta a las condiciones de cada lugar y va tomando posturas diferenciadas; es decir, es un conglomerado de fuerzas políticas dentro del gremio que tiene su correlato en las camarillas de la Universidad de Buenos Aires. En el caso del hospital, se ha anulado toda capacidad democrática de la comisión interna en el sentido de que hace más de ocho años que no existe una asamblea de trabajadores, por lo cual nos vemos obligados a tener autoconvocatorias cuando nos queremos defender de algún problema; esto ha sucedido ya dos o tres veces en lo que va del año, y hace imprescindible la representación de los trabajadores en función, no solamente de defender las cuestiones salariales y las que tenemos permanentemente los trabajadores de deficiencias en todo sentido, sino que ahora se trata de la propia vida que está en juego.






