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Testimonios de vecinos sobre el 18F

Bajo una lluvia intensa y persistente, cientos de miles de ciudadanos marcharon en la histórica jornada del 18F para rendir homenaje a la memoria del fiscal Alberto NIsman, al cumplirse un mes de su trágica muerte. A continuación ofrecemos sendos testimonios de dos vecinos, uno de la comuna 15 y otra de la comuna 11, que fueron parte de ese acontecimiento.

“Una masa compacta y uniforme avanzando a pesar de la lluvia”

Norberto Zanzi, vecino de La Paternal conocido por su consecuente participación en numerosas actividades barriales, fue con sus dos hijas.

“Abordé la marcha en Avenida de Mayo y Piedras, había tanta gente que demoró en empezar”, cuenta.

En ese sentido, prosigue: “Lo primero que vi fue mucha gente por todos lados. A diferencia de otras marchas, que se desplazan por el centro de la calzada, aquí la gente ocupaba todo el ancho de la calzada y ambas veredas. Tampoco había distancia entre distintos grupos: era una masa compacta y uniforme, moviéndose a pesar de la intensa y persistente lluvia; el pronóstico anunciaba chaparrones y el chaparrón duró tres horas”.

La multitud rebasó el trayecto previamente establecido. “No sólo estaba colmada la avenida de Mayo, desde Congreso hasta Plaza de Mayo, sino también las laterales, Rivadavia e Hipólito Irigoyen”.

Sin embargo, no observó empujones, apretujones ni forcejeos. “Todo era muy cordial, conversábamos con gente que no conocíamos; algunos decían ‘siempre vengo’ y otros ‘es la primera vez que vengo’. No había ningún miedo, al contrario: muchos sacaban fotos y nadie les prestaba atención. Y no se veían policías uniformados por ningún lado, salvo en la Plaza [de Mayo]”.

¿Quiénes componían esa multitud? “Yo vi gente de todas las edades –desde mayores hasta chiquitos y bebés en cochecitos o en brazos de su mamá, pasando por familias enteras; también había personas con discapacidad– y de todo tipo de categoría social”.

Y la lluvia dio lugar a muestras de solidaridad. “Los que tenían paraguas ponían muchos juntos para hacer una especie de carpa y proteger a los que no tenían, había más personas que paraguas y mucha solidaridad”.

En cuanto a la consignas, enumera: “Se aplaudía, se gritaba ‘justicia’, ‘nunca más’, ‘Argentina, Argentina’, se cantó dos o tres veces el Himno. Había pancartas muy caseras y muy simples que decían ‘Nisman’ y ‘Queremos justicia´”.

Cuenta que “la gente trataba de acercarse lo más posible a la Plaza, pero por la avenida no había forma de pasar de la Jefatura de Gobierno de la Ciudad, y entonces buscaba cómo llegar por las laterales”. Y acota: “Yo lo intenté primero por Rivadavia pero logré ingresar por Diagonal, y la Plaza estaba llena”.

La primera conclusión que saca es que “esto no es partidario, es de la gente, que no quiere nunca más un muerto”. Y considera: “La gente está tomando conciencia de que los políticos no responden a las inquietudes del pueblo, y se está dando cuenta de que la movilización es importante y hay que salir a la calle”.

“Una firme voluntad de seguir adelante”

Viki Lambertucci vive en Villa del Parque, en la misma casa en que nació. Fue a la marcha con una amiga.

“Partimos desde Congreso, cuando llegamos ya marchaba la cabeza de la manifestación, no la pudimos ver nunca porque por la cantidad de gente que había era imposible ‘ganarle a la marcha’ avanzando rápido por el costado”.

La multitud impedía tener una perspectiva de la movilización. “Tenía una visión restringida: sólo podía observar lo que había a mi alrededor. Sólo cuando cruzamos la 9 de Julio la gente se abrió por las laterales y se amplió un poco la visual”.

Sin embargo, pudieron distinguir a figuras conocidas. “Vimos a Luciana Geuna, con quien dialogamos brevemente, y a Fernando Iglesias; también nos encontramos con dos vecinas del edificio de mi amiga”. Define a la concurrencia como “bastante heterogénea”, compuesta por “muchas mujeres de todas las edades, familias, matrimonios jóvenes con chicos, grupos de chicas y muchachos…”. Precisamente entre los jóvenes, advirtió la presencia de “empleados de traje y maletín y muchachos con kipá”.

En cuanto a la composición social, vio representadas a todas las capas de la clase media, evidenciadas en sus maneras de resguardarse de la lluvia. “Había paraguas comunes y corrientes, y otros con leyendas alusivas a campeonatos de rugby y de golf; una familia completa lucía pilotines de Disney World Orlando y muchos los habían improvisado con bolsas de consorcio”.

Refiere por otra parte que “se cantaba el Himno y se gritaba ‘justicia’ y ‘Argentina, Argentina”, y remarca: “Al pasar frente a la sede de la Procuración General, en Avenida de Mayo al 700, la gente batía palmas y arreciaban los gritos”.

También en su relato la lluvia cumple un papel importante. “Había empezado a lloviznar a eso de las cinco y media, y para cuando llegamos a Congreso llovía cada vez más”. Pero, subraya, “no importaba la lluvia, había una firme voluntad colectiva de seguir adelante y cumplir el objetivo de la marcha”.

Como nota de color, destaca: “A un títere de espuma de goma que representaba a la justicia, el peso del agua le había hecho inclinar la cabeza; algunos lo interpretaban como una alegoría”.

En ese sentido, “la gente comparaba la marcha bajo los paraguas con el 25 de mayo y decía ‘el pueblo quiere saber de qué se trata’, alguien agregó ‘ahora falta la revolución’”.

En su análisis, “todo el mundo se sentía parte de algo importante, entendía que su presencia en ese lugar, expresando el acompañamiento en el dolor pero también una contenida indignación, era necesaria para que hechos como el que motivó la marcha no se repitan, ni mucho menos se naturalicen”.

Y concluye: “Es una satisfacción haber estado allí”.

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