“Reconstruir el valor de contar con el otro”
- Escrito por Victor Pais
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Desde hace cuatro años, Nicolás Fernández y Romina Kleiman impulsan La Carbo Talleres en el barrio popular La Carbonilla. A través de la iniciación deportiva, talleres artísticos y salidas culturales, la pareja construye de manera comunitaria y ad honorem una alternativa transformadora para las infancias.
En el corazón de La Paternal, entre las vías del ferrocarril San Martín y los viejos corralones, se despliega La Carbonilla, un barrio popular atravesado por complejas realidades socioeconómicas y la lucha vecinal por la integración urbana. Allí, hace cuatro años, cobró vida La Carbo Talleres, una iniciativa territorial y ad honorem que hoy abraza a noventa familias del barrio conducida por el profesor de educación física y militante del Partido Comunista Nicolás Fernández y la contadora Romina Kleiman.
A través del juego, la iniciación deportiva no tradicional –como la enseñanza del hockey–, meriendas comunitarias, talleres artísticos y salidas mensuales a lugares como el Teatro Colón o el Museo de la Imaginación y el Juego (MIJU), la propuesta busca disputarle las infancias a la calle y garantizar el derecho al sano esparcimiento y la cultura.
En esta entrevista, Romina y Nicolás repasan el origen del proyecto, la labor para construir confianza con la comunidad, las dificultades ante la falta de infraestructura propia, el cómo repercute hasta en una actividad para las infancias la violencia institucional incrementada en los últimos tiempos con los operativos “Tormenta Negra” y la convicción de que la solidaridad organizada es el camino para transformar la realidad.


–¿Cómo fueron la llegada a La Carbonilla y los primeros pasos del proyecto?
Nicolás Fernández: –El proyecto surge ante una inquietud que parte de Romi y que se cruza con mis intereses profesionales como docente de educación física. No hubo una planificación como tal, pero sí la vocación de iniciar una praxis territorial concreta. Decidí vincularme con las organizaciones que ya funcionaban dentro del barrio. A raíz de las relaciones políticas del Partido Comunista en la Comuna 15 con el movimiento popular La Dignidad, nos contactamos con Susana [Cárdenas], referenta del comedor Señor de los Milagros y delegada en el sector 3. La Carbonilla tiene tres sectores: el sector 1 es la zona de la canchita y los corralones, el sector 2 es el centro con la capilla y el sector 3 alberga el comedor donde empezamos. Entramos al barrio a través de la placita contigua al comedor Señor de los Milagros. Mi llegada fue con la bici y el bolso de materiales, saliendo al encuentro de esas infancias que, al terminar la escuela, quedan a la deriva en la calle sin un espacio de contención.
–¿Cómo construyeron la confianza que hoy la comunidad deposita en ustedes?
Nicolás Fernández: –Empezamos con talleres de iniciación deportiva, coordinación y juegos, y en ese quehacer empezamos a tejer cierta profundidad en los vínculos con vecinos y vecinas. Hay cierta idea de parte de las organizaciones políticas y sociales que operan en los barrios populares, una suerte de paracaidismo de llegar en determinada coyuntura o momento electoral para entablar vínculos superficiales o clientelares. Nuestra idea siempre fue construir lazos comunitarios profundos de solidaridad y apoyo mutuo, de esos que el neoliberalismo rompe. Buscamos reconstruir el valor de contar con el otro.
Romina Kleiman: –Para llegar al lugar que tenemos hoy en esta canchita, a fin del año pasado tuvimos que hablar con la máxima delegada del barrio. Tuvimos un encuentro con Joaquina [Nuñez, presidenta de la Junta Vecinal] y con Yolanda [Valle Ramírez, delegada del sector 2], luchadora histórica por la urbanización desde 2012, que son las máximas referentas, y ellas nos habilitaron ese espacio.
–El hecho de que hayan estado ya cuatro años con La Carbo Talleres les habrá dado una oportunidad de hacer un seguimiento de los chicos que vienen participando…
Romina Kleiman: –Conocemos niños y niñas desde que venían incluso siendo chiquititos de un año. Isa, por ejemplo, nació, la vimos con meses, hoy ya tiene tres años y pico, y así un montón de chicos de distintas edades que los vimos crecer y conocemos sus historias. Incluso las mamás nos mandan videos, hay una nena que le va rebien en gimnasia. Nos cuentan cómo les va … y literal que los vimos crecer.
–¿Cómo surgió la idea de enseñar hockey y qué repercusión tuvo?
Romina Kleiman: –No soy profe, pero jugué muchísimos años, entonces sabía. Y toda la primera mitad de este año fue hockey. Llevamos palos de hockey, y nenes y nenas aprendieron un montón, todos jugando súper enganchados. Fue espectacular porque creo que en el barrio, que yo sepa, jamás en la vida hubo hockey, y es un deporte bastante elitista, difícil de acceder, y ahí todos tenían su palo de hockey, sus pelotas, y todos aprendieron a hacer push y un montón de técnicas.
–Y de las salidas a espacios culturales, ¿qué nos pueden decir?
Romina Kleiman: –Una vez por mes de mínima, durante todo el año, planificamos algo. Tratamos de ir cambiando. Algunas salidas a alguna zona en el barrio, otras son ir a conocer algún espacio que, por temas de recursos, no tendrían posibilidad de acceder. Al Teatro Colón jamás en su vida había ido nadie y fue una experiencia fuerte. Nos invitaron a ver un ensayo general de una obra que estaban pasando en ese momento y lo vimos todo completo. Lo mismo el MIJU, que es un lugar para infancias, gratis lo conseguimos. En el Centro Cultural de la Cooperación, donde las obras de teatro son pagas, conseguimos 35 entradas gratis, y así cada cosa es molestar y persistir.
–Me imagino el trabajo previo que conlleva armar la agenda de salidas…
Romina Kleiman: –Sí, estamos escribiendo a lugares para la agenda del año que viene porque tenés que hacerlo con muchos meses de anticipación. La idea es que vayan a lugares que lamentablemente quizás no tendrían posibilidad de ir por el tema de distancias. Así que nos trasladamos con micro haciendo una vaquita entre vecinos, nuestros amigos, familiares, y siempre hay gente que te dice “¿qué necesitas?”. O lo mismo cuando juntamos ropa o juguetes… Se armó como una red de gente que ayuda.
–Y para la actividad de los viernes, ¿también se enfrentan con necesidades?
Romina Kleiman: –El tema es que no hay nada. No hay baños. Para la merienda tenemos que hacer malabares: encontramos un caballete, ni siquiera una mesa, una madera. No podemos dejar nuestros materiales, así que los llevamos y traemos cada vez que vamos al barrio. Cargamos con todo porque no tenemos un lugar físico donde dejar las cosas. Lo mismo el Día del Niño. Por ejemplo, nosotros tenemos un metegol que nos donaron, un montón de cosas, toboganes… Tenemos que meter todo en el auto y llevarlo cada vez que vamos para el barrio. Eso es una dificultad. Se sortea, todo se sortea… Yo soy de esas que si uno quiere lo logra. También, si llueve, el taller no se puede hacer, se suspende. Nos falta infraestructura, no contamos como esos otros espacios políticos que tienen su comedor dentro del mismo barrio, tienen alquilado un local donde hacen sus actividades con sus cosas, con su llave en mano y dejan todo ahí. Nosotros no tenemos nada de todo eso. Entonces es un esfuerzo más grande, pero lo vale. La recompensa es grande.
–¿Qué secuelas dejaron los recientes operativos policiales en el barrio entre las familias con las que ustedes están relacionados?
Romina Kleiman: –Hemos hecho el taller con presencia de policía. Obviamente que cuando va la policía hace que los chicos, las familias, sus madres, se recluyan todos. Fue hace poco. Hace dos o tres semanas tuvimos un viernes que fue el día de la “Tormenta Negra”, uno de los días que iba a haber una asamblea, estaba lleno de policías y no fue nadie. Estaban todos en sus casas, lógicamente, porque es eso lo que quieren: intimidar y amedrentar.


Nicolás Fernández: –Cuando nosotros empezamos a ir a La Carbo en 2022, gobernaba el jefe de Gobierno anterior y, hay que decirlo, la presencia policial existía, por supuesto, pero no nos afectaba en términos de desarrollar nuestro laburo social. Era mínima y eran rondas esporádicas del destacamento que está fijo en la entrada del barrio. Después del 2023, la política represiva se recrudeció, pero te diría al 100%. Incluso el Día del Niño de este año, en un momento en el que estábamos en pleno armado de todo el dispositivo del evento que son, básicamente, castillos inflables, metegoles, juegos, meriendas, los juguetes que cada Día del Niño y cada Navidad recolectamos a través de donaciones para poder llevar por lo menos uno a cada niño –imaginate que tenés por lo menos 100 niños que van a buscar su juguete–, este Día del Niño fue como un preludio de lo que se vendría con la “Tormenta Negra”. Nosotros estábamos armando todo y cae una brigada a pie con las armas, sus escopetas respectivas, calibre 12, en mano, cargadas, listas para ser usadas, en el espacio de la canchita donde damos el taller, de forma muy intimidatoria, donde había niños ya usando algunos de los juegos que habíamos instalado. Algo bastante fuera de lugar para las infancias. Eso como para ilustrarte y no es ni siquiera un ápice de lo que vive el vecino todos los días. La intimidación, la razzia, como se conoce vulgarmente a esos operativos de identificación por portación de rostros y control de documentos.
–En conclusión, ¿cómo sintetizarían la motivación que los llevó a lanzar La Carbo Talleres?
Nicolás Fernández: –En la iniciativa confluyen el interés de Romi, legítimo, por hacer algo por el otro, el interés profesional de ser el hijo de la universidad pública y, por otro lado, el interés del Partido Comunista de la Capital, y particularmente de la Comuna 15, de apostar con todo lo poco o mucho que tiene hoy día en armar una organización popular no mezquina en el barrio popular, el único que tiene La Paternal, que es la Villa La Carbonilla. De poder tener una presencia a través nuestro de unas ideas y praxis que hoy son concretamente opuestas a las de la derecha, a las del neoliberalismo, a las de los partidos que gobiernan la Ciudad de Buenos Aires y el gobierno nacional. Eso para mí es fundamental porque son tres patas que confluyen: la de la vocación que tiene el Partido Comunista de construcción de unidades, de solidaridad, de redes, de un instrumento de organización que sea apto para poder lograr la liberación de nuestro pueblo; la del interés que tiene legítimamente la profe Romi, que es el de hacer cosas por su pueblo; y el mío, que tiene que ver con devolver, como te decía, algo de lo que me dio el pueblo argentino, el pueblo de la Ciudad, a la hora de yo poder estudiar en la universidad pública y ser un profesional.