Homenaje a una militancia persistente
- Por Haydée Breslav
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Ante una conmovida concurrencia, constituida sobre todo por mujeres, se realizó en el local del Partido Comunista de La Paternal, ubicado en la calle Adolfo Dickman 1361, un acto en homenaje a la memoria de la histórica militante Leonor Aída Gorsd, más conocida como Mecha, fallecida recientemente a la edad de 102 años.
Las palabras de apertura estuvieron a cargo del coordinador del acto, Adolfo Melnik, quien expresó que “Mecha es un ejemplo que todos debemos tomar de la fidelidad a una idea y de no abandonarla nunca, aun cuando los años implacables hubieran pasado”.
Dijo también: “Todos los que la conocimos sabemos que es más que merecido este homenaje, y los que no la conocieron tienen que saber que están homenajeando a alguien a quien deben imitar en la fidelidad a una idea sobre el bienestar del pueblo”.
A continuación habló el dirigente partidario y uno de los organizadores del acto, Hugo Mir, quien resumió la trayectoria “de tantos años de militancia” de la homenajeada refiriendo que “se afilia durante el Socorro Rojo por la República Española, en la década del 30, cuando estalla la guerra civil” y que “allí comienza su activa militancia en la Federación Juvenil Comunista”.
Mencionó luego que “militó muchos años en la UMA [Unión de Mujeres de la Argentina] con Fanny Edelman y otras camaradas” y la recordó “personalmente a ella militando en Chacarita, y a fines de los 90 empezar a militar acá hasta el 2008”.
“En lo que hace a la militancia partidaria”, prosiguió, “recordamos que era asombrosa, como luego de la rebelión popular del 2001, cuando fuimos a enfrentar a la policía, y en las sucesivas y posteriores marchas, ya en la época de las asambleas, cuando Mecha, con 89 años, se iba caminando con nosotros, todos juntos, hasta el centro, y a enfrentarnos con la Guardia de Infantería”.
Destacó por último “su manera irreductible de militancia” y subrayó el tesón y empecinamiento puestos de manifiesto por la homenajeada en aras del cumplimiento de sus ideales.
A su vez, Melnik relató: “Entre los compañeros, en las marchas de la asamblea hasta el Congreso, me habían designado para que fuera al lado de ella, para cuidarla un poco. ¡Me costaba seguirla! Y no me olvido de que tomábamos el 105, ella subía primero y le decía al chofer ‘acá está la asamblea de la avenida San Martín y Paysandú, y acá la asamblea no para’, y no era una criatura: 90 años, y con ese empuje”.
Contó además, entre otras anécdotas, que “el esposo de Mecha era farmacéutico” y que los padres “que era gente que tenía algún capital, le compraron una farmacia para que pudiera ejercer su profesión”.
Después de precisar que la pareja compartía militancia, narró que “después de uno o dos años, un día [el esposo] le dijo a Mecha ‘yo no puedo ser patrón y miembro del Partido Comunista, no me siento bien, le voy a donar la farmacia al Partido y me voy a trabajar a un laboratorio’, y así lo hizo”.
Seguidamente, Rosa Grushka leyó un texto que escribió cuando supo de la muerte de Mecha, en el que expresó, entre otras cosas: “Ella era una luchadora experimentada. Nos aportaba sus ideas, su experiencia. (…) La escuchábamos con avidez. Sobre su infancia, sobre su adolescencia, sobre sus primeros trabajos como vendedora, sobre su militancia, sobre las visitas a los conventillos de Chacarita y la solidaridad con los presos políticos. (…) Mecha era una mujer libre, batalladora, comprometida con su país y sus ideales”.
Posteriormente, leyó el relato breve El mundo, de Eduardo Galeano.
El homenaje incluyó un espectáculo que comenzó con la actuación del cantante callejero Walter Machado, que ejecutó la bellísima Zamba para no morir, de Hamlet Lima Quintana, con música de Ambrós y Rosales; la milonga A desalambrar, de Viglietti; Que seas vos, la zamba de Marta Mendicute, y piezas de Horacio Guarany.
Acto seguido, una mujer ataviada con el traje típico paraguayo y presentada como Alodia, manifestó: “Como todo migrante, cuando vine de mi país vine con mis costumbres, con mi cultura, con mi música…” Y añadió: “Como homenaje a Mecha, traigo la música de mi país”.
A continuación, bailó la célebre Galopera, de Mauricio Cardozo Ocampo, que la concurrencia acompañó con palmas y coreando sus estrofas.
Luego, un cantante al que se presentó simplemente como Tato, interpretó en primer término el vals Bajo un cielo de estrellas, de Francini, Chupita Stampone y José María Contursi, y siguió con la zamba Si llega a ser tucumana, del Cuchi Leguizamón y Miguel Ángel Pérez. Después, ante un pedido de la concurrencia de que cantara un tango, la invitó a acompañarlo en Melodía de arrabal, la invulnerable creación de quien, según Selles, compone cada día mejor, con versos de Le Pera y Battistella.
Cabe señalar que durante el acto funcionó una radio abierta a través de la cual muchos asistentes, en su mayoría mujeres que fueron amigas y camaradas de Mecha, narraron distintos episodios de su vida y trayectoria y adhirieron fervorosamente al homenaje.
El acto culminó con el descubrimiento de un retrato de Mecha pintado por Sara Shejner, que se colocó frente a la fotografía, realizada por nuestra compañera de tareas Silvia Giser, del histórico dirigente, no sólo partidario sino barrial, Julio Leibowicz, a quien también se rindió homenaje. En la oportunidad, Melnik recordó asimismo, como consecuentes luchadores populares, a Enrique Fukman y a Alberto Sosa, recientemente fallecidos.
Por último la concurrencia, de pie y con el puño izquierdo en alto, cantó La Internacional.