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Cornelio Saavedra y el ocaso del virreinato

Cornelio Saavedra y el ocaso del virreinato

El 29 de marzo de 1829 fallecía en la ciudad de Buenos Aires Cornelio Saavedra, quien fue comandante del Regimiento de Patricios, presidente de la Primera Junta de Gobierno en 1810 y, en la tradicional interpretación de la Revolución de Mayo, jefe de la facción moderada o conservadora de la Junta, enfrentado a la facción radicalizada y jacobina encabezada por el secretario Mariano Moreno. El presente trabajo se circunscribe a exponer cuál fue la actitud de Saavedra frente a los acontecimientos que marcaron el inicio del fin del Virreinato del Río de la Plata.

La disgregación del poder imperial español en el Río de la Plata es un proceso que reconoce en la lucha contra las invasiones inglesas de 1806 y 1807 el punto en el cual la confluencia de factores políticos, sociales y militares marcó el comienzo del colapso del poder español. Es en la lucha contra el inglés donde se inicia la carrera militar de Cornelio Saavedra. Así lo recuerda Josefina Cruz: “Sus méritos, unidos a una vieja raigambre americana le valieron para ser elegido por sus compatriotas ‘Comandante de las Legiones Voluntarias de Patricios de Buenos Aires’. (…) Ardua tarea se presenta al benemérito don Cornelio de Saavedra. Tendría que informarse de las prácticas militares e instruir, armar, vestir a hombres que no tienen conocimientos castrenses, jóvenes de familias distinguidas más bien indisciplinados y rústicos paisanos que únicamente saben pelear a facón y cuchillo y que son indómitos por naturaleza, aunque todos sean valientes y aman a la tierra donde nacieron. Esto conforta al criollo, de más de cuatro generaciones, don Cornelio de Saavedra”.

Los patricios eran la principal milicia criolla formada en Buenos Aires. Estaba integrada por los nativos de la intendencia local que se armaron en la lucha contra el inglés. Así, vemos a Saavedra desempeñando un rol central en los acontecimientos que registraron la formación del poder militar –en su origen, miliciano– de la burguesía criolla. Recuerda Saavedra en su Memoria Autógrafa: “Este fue el origen de mi carrera militar. El inminente peligro de la patria, el riesgo que amenazaba nuestras vidas y propiedades y la honrosa distinción que habían hecho los hijos de Buenos Aires, prefiriéndome a otros muchos muy beneméritos paisanos suyos para jefe y comandante, me hicieron entrar en ella”. La formación de las milicias criollas fue un evento fundamental en el ascenso al poder de esta clase social.

En 1809, cuando el partido peninsular, formado mayormente por españoles y encabezado por Martín de Álzaga, intentó derrocar al virrey Santiago de Liniers y formar una junta que dejase el poder en manos de los comerciantes peninsulares, vemos a Saavedra al frente de las milicias criollas, sosteniendo al virrey de la Reconquista frente a las pretensiones de los españoles de retener el poder rioplatense en sus manos. Segundo acontecimiento central: la derrota del partido peninsular y sobre todo la disolución de las milicias peninsulares, que privó a los comerciantes monopolistas de poder militar para dirimir a su favor las luchas políticas urbanas. Y nuevamente Saavedra desempeñando un rol clave en la afirmación del poder de la burguesía criolla.

Sin embargo, poco meses después de enero de 1809, cuando efectivamente ocurrió el intento de Álzaga, llega al Río de la Plata un nuevo virrey. Se trata de Baltasar Hidalgo de Cisneros, nombrado para ese cargo por la Junta Central de Sevilla.

Mientras los hombres más radicales, como Manuel Belgrano, estaban dispuestos a resistir el nombramiento de Cisneros, Saavedra consideraba que todavía no era el tiempo oportuno y no debía resistirse esa designación.

“¿Quién era en aquel tiempo el que no juzgase que Napoleón triunfaría y realizaría sus planes con la España? Esto era lo que yo esperaba muy en breve, la oportunidad o tiempo que creía conveniente para dar el grito de libertad en estas partes”, explica Saavedra en su Memoria Autógrafa. Y más adelante, imaginando la metrópoli ya dominada por el invasor francés, declara: “¿Quién justamente podía argüirnos de infidencia o rebelión? En nuestro caso, nuestra decisión a no ser franceses, por consiguiente, quedaba justificada ante todos los sensatos del mundo”.

A mediados de mayo de 1810, una fragata inglesa trae al Río de la Plata las nuevas noticias respecto de lo que acontecía en España. Las fuerzas de Napoleón habían ocupado casi toda la península, con la excepción de la ciudad de Cádiz y la isla de León. La Junta Central de Sevilla se había disuelto y se había conformado un Consejo de Regencia de dudosa legitimidad. Era el 18 de mayo y en esos días Saavedra se encontraba en su estancia en la zona de San Fernando. Lo mandaron a buscar.

Sobre este episodio, leemos un fragmento del propio Saavedra en su Memoria Autógrafa: “Yo me hallaba ese día en el pueblo de San Isidro: don Juan José Viamonte, sargento mayor que era de mi cuerpo, me escribió diciendo que era preciso regresase a la ciudad sin demora, porque había novedades de consecuencia. Así lo ejecuté. Cuando me presenté en su casa, encontré en ella una porción de oficiales y otros paisanos, cuyo saludo fue preguntándome: ‘¿Aún dirá usted que no es tiempo?’. Les contesté: ‘Si ustedes no me imponen de una nueva ocurrencia que yo ignore, no podré satisfacer a la pregunta’. Entonces me pusieron en las manos la proclama de aquel día. Luego que la leí, les dije: ‘Señores, ahora digo que no solo es tiempo sino que no debe perderse una sola hora’”.

Saavedra y el conjunto de los hombres que estaban forjando la revolución se negaron a respaldar al virrey Cisneros y exigieron la convocatoria de un Cabildo Abierto para decidir la suerte del poder virreinal.

Recuerda Saavedra las instancias en que entrevistaron a Cisneros: “Señor, son muy diversas las épocas del 1 de enero de 1809 y la de mayo de 1810 en que nos hallamos. En aquella existía la España aunque ya invadida por Napoleón; en esta, toda ella, todas sus provincias y plazas están subyugadas por aquel conquistador, excepto Cádiz y la isla de León, como nos aseguran las gacetas que acaban de venir y Vuestra Excelencia anuncia en su proclama de ayer. (…) ¿Y qué señor? ¿Cádiz y la isla de León son España? ¿Este territorio inmenso, sus millones de habitantes, han de reconocer soberanía en los comerciantes de Cádiz y en los pescadores de la isla de León? ¿Los derechos de la corona de Castilla a que se incorporaron las Américas han recaído en Cádiz y la isla de León, que son parte de una de las Provincias de Andalucía? (…) ¡No, señor! ¡No queremos seguir la suerte de España ni ser dominados por los franceses! El que ha Vuestra Excelencia dio autoridad para mandarnos ya no existe, de consiguiente tampoco Vuestra Excelencia la tiene ya, así es que no cuente con las fuerzas a mi mando para sostenerse en ella. Por eso hemos resuelto reasumir nuestros derechos y conservarnos por nosotros mismos”.

Convocado el Cabildo Abierto y debatido si el virrey Cisneros tenía o no desde el punto de vista jurídico-político títulos suficientes para continuar ejerciendo el mando en el contexto de la disolución de la Junta Central de Sevilla y la conformación del Consejo de Regencia, resultó en la votación, a pluralidad de sufragios, la caducidad del virrey, la retroversión de los derechos de soberanía en los pueblos, el interinato del Cabildo y la elección por este de una Junta de Gobierno que ejercería el poder a nombre de Fernando VII, el monarca borbón cautivo de las fuerzas de Napoleón.

Fracasada la maniobra del Cabildo de nombrar una Junta presidida por Cisneros, las milicias y el pueblo impusieron la formación de una Junta cuyo presidente fue Cornelio Saavedra. Se iniciaba el proceso que, finalmente, terminaría confluyendo en la independencia el 9 de julio de 1816.

Fuentes consultadas
Cruz, J. Saavedra. El hombre de Mayo, Buenos Aires, Ediciones Culturales Argentinas, 1980.
Luna, F. (director). Cornelio Saavedra, Buenos Aires, Planeta, 1999. 

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